Recientemente trascendió nacional e internacionalmente el suceso del profesor Pedro Salinas y su esposa, la Lic. Ysbelia Hernández, encendiendo las alarmas sobre la precaria situación que atraviesan muchos universitarios en el país como consecuencia de la pulverización de los salarios por la implacable inflación y la indiferencia del Ejecutivo Nacional para atender la situación.

Este acontecimiento ha puesto el foco en una realidad incómoda que, preocupantemente, con el paso del tiempo parece regularizarse y ser aceptada por muchos como normal, cuando debe ser motivo de alarma, protesta y reclamo enérgico de todos los ciudadanos.

Transcurridos unos días de la noticia del Prof. Salinas y la Lic. Hernández, y con todo el respeto y consideración que amerita una situación tan difícil, vale preguntarse ¿Cómo sería la historia si estos dos universitarios hubiesen contado con un salario y un sistema de protección social dignos?

En un país con una economía dolarizada, los universitarios y la gran mayoría de los empleados del sector público, sobreviven en el mejor de los casos con salarios inferiores a los 30 dólares, mientras que muchos no perciben ni siquiera 2 dólares mensuales, como es el caso de nuestros adultos mayores con pensiones de 7 bolívares mensuales.

¿Cómo es posible sobrevivir en esas condiciones?

Esta inocultable realidad se traduce en hambre, enfermedad y muerte, sufrimiento y desesperación, mientras que en lo institucional ha significado el abandono total o parcial de los puestos de trabajo y la pérdida de profesionales calificados, pues la necesidad empuja a buscar otras oportunidades.

La indiferencia del Ejecutivo hacia esta situación ha llevado a hombres y mujeres que dedicaron sus vidas a construir un mejor futuro a depender de la solidaridad para poder paliar sus necesidades más básicas de alimentación y salud, mientras que se niega a nuestros jóvenes el derecho a una educación de calidad en todos los niveles.

Desde el Rectorado de la Universidad de Los Andes hacemos llegar nuestras palabras de solidaridad al profesor Pedro Salinas y a su familia, esperando que su historia sirva para agitar las consciencias de los ciudadanos frente a una situación que nunca podrá aceptarse como parte de la normalidad.