Por: Rafael Cuevas…(*)

Los romanos, siempre una referencia formidable en la cultura occidental, acuñaron al principio de esta era una frase que, como tantas, ha pasado a la posteridad para referir una manera de gobernar llena de demagogia: hablaron del famoso Panem et circenses, es decir, del aún muy conocido dicho que reza _pan y circo_, expresión que denota una forma de concebir y hacer política en la que, lejos de atacar los problemas reales de una sociedad, quienes la gobiernan solo se dedican a soluciones accesorias que entretienen a la gente pero la mantienen en la pobreza.

Pues bien, luego de ver estos primeros meses de gestión del alcalde de Mérida, cuya victoria –no se nos puede olvidar-, más que su mérito fue consecuencia de los errores de una dirigencia opositora egoísta y sorda, decía que tras ver estos primeros meses del nuevo alcalde en el poder, en los que se ha dedicado a darle una mano de pintura barata a parte de nuestra empobrecida y deteriorada ciudad, a ser padrino de promociones de bachilleres, a fomentar un turismo solo para ricos y enchufados y, tristemente, no mucho más que a eso, ha venido a mi mente una y otra vez aquella frase procedente de la cultura romana.

Pero ¿Podemos hablar en este caso de una política de _pan y circo_? Lo increíble es que, vista esta gestión del joven alcalde y el estado de nuestra ciudad, como el del país todo, que se cae a pedazos, ni siquiera podemos hablar de pan y circo, porque el pan que es decir el alimento, y esto es una verdad pública y notoria, sigue escaseando en la mesa de la mayoría de los merideños, que luchan día a día por su supervivencia, por llevarle y llevarse a la boca a los suyos ese pan en una ciudad que lejos está de vivir sus días buenos, días que hoy, como el teleférico y los miles de turistas que nos visitaban, son parte de un recuerdo que luce lejano.

¿Y el circo?

Ese sí que no ha faltado ni falta en esta revolucionaria gestión, una que organiza “últimos timbres” para los jóvenes nuevos bachilleres en medio de un repunte del Covid-19, solo para citar un ejemplo reciente y grave de la política circense del chavismo que ahora, a falta de cosas mejores que poder hacer por una ciudad llena de huecos, con semáforos que no funcionan, hundida en la escasez de un combustible que se paga en dólares, se ha dedicado a pintar paredes de espacios públicos con pintura barata y mucho mal gusto, como ha ocurrido en la Plaza Bolívar, la Plaza Las Heroínas y en el Mercado Principal.

Justamente, en nuestro famoso mercado, un espacio que es emblema y patrimonio de la ciudad, hasta allí ha llegado el mal gusto y, ahora, el personalismo de nuestros Césares modernos, que se ha hecho sentir con la colocación de unas letras gigantes con el nombre del alcalde, como para que nadie olvide a quien debemos todo este maquillaje.

Porque solo se trata de eso, un maquillaje para la ciudad y para la realidad, una política de _pintura y circo_, que así es como debiéramos llamarle: no mucho más que eso…

(*) Facultad de Humanidades y Educación, ULA.