El cielo y la iluminación artificial, dos aspectos que se deben tomar en cuenta al hablar de contaminación lumínica, la cual se origina de fuentes artificiales con elevadas intensidades y que puede llegar a producir patologías serias; no es un capricho de los astrónomos, como muchos han querido hacer ver, tema que se tocó en el marco del más reciente taller del Centro de Investigaciones de Astronomía “Francisco J. Duarte” (CIDA).

Así lo destacó Franco Della Prugna, especialista en óptica, personal de esta institución y facilitador en esta actividad, quien generó una discusión amena, interesante, con los participantes, donde aseguró que, por esta situación, si se asocia la noche con la oscuridad, se pudiera decir que ya esta última está en ‘vías de extinción’. “No son los astrónomos los que quieren apagar la luz”.

En este taller se hizo un repaso de lo que se conoce como contaminación lumínica, sus causas, sus efectos negativos a nivel global, no solamente en la parte astronómica, su evolución histórica, qué es la noche y qué se puede hacer para “atacar este problema”, entre otros puntos de interés.

“Lo cierto es que la profusión de los sistemas de iluminación nocturna, llegó un momento que llamó la atención de los astrónomos, porque ellos necesitan de cielos muy oscuros para llevar a cabo sus observaciones y esa es la razón por la cual ponen un observatorio a cuatro mil metros de altura y en sitios remotos, alejados de las grandes ciudades”, dijo.

Entre otras razones, Della Prugna destacó, que mientras más alto los instalan, tienen menos capas de aire arriba, es decir, están “un poquito más cerca de las estrellas”. Por eso, a comienzos de los años 70 del siglo pasado, los astrónomos fueron los primeros que “pegaron el grito al cielo, porque el cielo se estaba tornando muy brillante y bautizaron este fenómeno con el nombre de contaminación lumínica”.

¿Pero, qué es lo que produce este fenómeno?La emisión directa de luz artificial hacia el cielo, el crecimiento de la población, los niveles de desarrollo en el mundo, producen la contaminación lumínica. “La luz que va hacia arriba es un desperdicio”, aseguró Franco Della Prugna. Lo más evidente de este fenómeno es el fulgor, el deslumbramiento, la invasión luminosa, que trastoca el ciclo circadiano (cambios físicos, mentales y conductuales que siguen un período de 24 horas), lo que afecta a los seres vivos. “Son 12 horas de luz natural y 12 de oscuridad”.

¿Qué se debe hacer?Para aminorar los efectos negativos de la contaminación lumínica se debe evitar el desperdicio de la luz artificial, usarla de manera racional, señaló Franco Della Prugna; en vez de bombillos incandescentes, emplear los de led, que son “respetuosos” con el medio ambiente también; son de luz blancas, ahorrativos, gastan menos electricidad que los primeros.

“A la hora de escoger la iluminación debemos conocer las características de nuestros ojos. Muy importante para saber qué tipo de luminaria necesitamos”, destacó, añadiendo la importancia del uso de sensores de movimientos en el alumbrado público, que permiten además un ahorro importante de energía.

“Siempre utilizar luz cálida, porque hay menos interrupción con el ciclo circadiano. No interfiere con el suelo (…); es necesario evitar la iluminación fría en lo posible, activar en el celular el modo nocturno si se le lleva a la cama para seguir revisándolo. La luz azul inhibe la producción de melatonina (la hormona del sueño), es antinatural, da mala visibilidad, es incómoda, encandila más que la cálida”.

Recordó que en el Observatorio Astronómico Nacional (OAN), instalaron hace años en el sector donde está, luminarias ahorradoras de energía en el sistema público de iluminación, para garantizar poca contaminación lumínica, para reducir las emisiones directas al cielo, con la finalidad de preservar las condiciones naturales de oscuridad del cielo nocturno y a la vez minimizar el gasto energético.

Recomendaciones para disminuir esta contaminación

Terminado el taller “Contaminación Lumínica y el Impacto Global de la Iluminación Artificial Nocturna”, Franco Della Prugna dio a los asistentes una serie de recomendaciones para disminuir el impacto de este tipo de contaminación, invitándolos a compartirlas con la mayor cantidad de personas posible, así como con el organismo encargado del servicio eléctrico.

Entre estas, evitar el desperdicio lumínico, emplear luminarias eficaces y eficientes, acatar los niveles de iluminación recomendados, usar iluminación presencial, crear y preservar islas de oscuridad; asimismo, cree necesaria la promulgación de una legislación que ayude en este sentido.“El futuro, para minimizar la contaminación lumínica, está en las ciudades inteligentes, los postes inteligentes, la iluminación inteligente, los paneles solares”. /Prensa Mincyt/CIDA/CS.